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| Asunto: | Boletín Nro. 71 - ¡Llegaron los audiolibros (y los regalos de fin de año)! | | Fecha: | Jueves, 21 de Diciembre, 2006 18:12:27 (-0300) | | Autor: | Boletin <boletines @...........com>
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Boletín Informativo Nro. 71
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personas reciben este
boletín | |
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Boletín de LibrosEnRed Nº
71 |
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21 de diciembre de
2006 | | | |
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"Un hombre que no ha
leído a Homero es como un hombre que no ha visto el mar.
Hay algo grande de lo que no tiene idea." Walter Bagehot (1826-1877), periodista
inglés |
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En este número:
1. Editorial: ¡Llegaron los audiolibros (¡y los regalos de fin
de año!)!
2. Recomendados del mes y un
clásico de Federico García
Lorca
3.
Consignas para el foro de opinión: Navidad ¿noche de paz, noche de
amor?
4. "Observaciones sobre la
novela contemporánea en España" por Benito Pérez Galdós
5. Entrevista a
José
Daniel Cuadros Jiménez
6. Efemérides bajo la lupa:
Philip K. Dick
7. Direcciones
8.
Suscripciones
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Pocas situaciones hay tan
placenteras, entretenidas e hipnóticas como que nos cuenten
un cuento. Y no nos referimos al autor de un libro, que en
su escritorio misterioso escribe o tipea una historia para que
sea leída en un futuro por alguien a su vez misterioso para
él; ni a lo que el director de una película nos muestra cuando
la pantalla dispara imágenes que siguen un guión. No. Nos
referimos a que literalmente nos cuenten una historia,
a que nos hagan llegar a nuestros oídos, unas tras otras, las
palabras que secuencialmente irán produciendo, dentro de
nosotros, el encantamiento de ser los escuchas privilegiados
de una transmisión directa y personalizada de textos de
ficción y no ficción.
¿Será un resabio de nuestra
infancia, de esa época en que nuestros familiares nos dormían
con historias para niños? ¿Será que cargamos con este anhelo
de oralidad porque por milenios y milenios nuestra cultural
fue exclusivamente hablada? No sabemos el origen de
nuestra inclinación a lo verbal, pero es evidente que su
hechizo no pierde efecto. Y así, a través del tiempo, la
tecnología se las ha ingeniado para generar soportes
que permitieran grabar lecturas e interpretaciones de textos
para su posterior reproducción. Antes eran la cinta de casete
o el disco compacto, y hoy están en formato mp3: son los
audiolibros.
LibrosEnRed no pudo resistirse a esta
nueva variante para transmitir cuentos, historias y saberes. Y
es por eso que hoy, ya cerrando el año, lanzamos el nuevo
formato de audiolibros en nuestro sitio. En este boletín,
les presentamos los siguientes textos para escuchar:
De autores contemporáneos:
De autores clásicos:
Algunos de estos
audiolibros tienen precio, pero la mayoría -como
corresponde a esta época del año- va de regalo. Todos a
su disposición para contarle historias y ficciones
directamente a usted, al oído, en los enlaces respectivos.
El Acertijo de este
mes:
G. Inés Colli Mc Garry, de
Córdoba, República Argentina, resultó ganadora del Acertijo pasado.
¡Felicitaciones!
Aquí vamos con el enigma de
esta vez:
Hay ciudades que ya han pasado a
la inmortalidad literaria. Quedaron fijadas, para los
lectores, tal como las retrató en su momento aquel escritor
que logró capturar su aura particular.
¿Qué ciudad
recorrería, si quisiera seguir los pasos del moderno Ulises de
Joyce? ¿Cuál, si decidiera jugar a los detectives, como
el entrañable Sherlock Holmes? Y ¿adónde iría
para reconocer el escenario de muchas obras de Kafka? ¿Por dónde caminan
una y otra vez, en Rayuela, de Cortázar, la Maga
y el protagonista?
La primera semana de enero
le daremos una nueva pista, en esta página.
Participe por dos libros
digitales. Recuerde que si se anima a ensayar una
respuesta debe escribirnos a nuestro formulario de mensajes.
Felices
fiestas para todos y excelente comienzo de año
2007,
Editorial
LibrosEnRed
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Mario Sebastián
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cuenta a la hora de aplicar las técnicas aprendidas,
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Ver un fragmento del
libro

Sueños imposibles
Iyael Cendán
Literatura Romántica
La mayor victoria del
comunismo en Cuba ha sido la de anular el deseo y matar las
pasiones. Con mentiras se puede construir toda una nación,
un pueblo, una ideología y escribir uno miles de libros.
Varios autores han tratado el tema de Cuba en sus
obras y con éxito de ventas. Así Amir Valle, Pedro Juan
Gutiérrez, Zoe Valdés. No obstante, existe un punto común
entre los libros que hasta ahora se han escrito: mayormente,
se ha tratado el aspecto material de Cuba, la escasez
económica y, sobre todo, los conflictos
políticos. Algo diferente a esto es lo que
propone Sueños imposibles, una novela con
gran material biográfico que narra los conflictos, desengaños
y sueños de un joven escritor que avanza por la vida tratando
de no perder la fe, inserto en una sociedad que se degrada y a
diario pierde los valores humanos esenciales.
Sueños imposibles nos revela con fuerza
las crudezas emocionales vividas en La Habana de hoy,
mientras desarrolla reflexiones alígeras y sagaces sobre el
amor, el patriotismo y la esperanza. Una verdadera epopeya de
sentimientos.
Iyael Cendán (La Habana, 1982) es
pintor, escritor y periodista autodidacta. Graduado de los
talleres de narrativa "Salvador Redonet" y "Carlos
Montenegro", del laboratorio de Escritura Creativa Enrique
Labrador Ruiz y del taller literario "Juana Borrero", la
mayoría de su obra permanece inédita.
Ha trabajado
como Jefe de Automatización en el Archivo Nacional de Cuba.
También se desempeñó como editor, guionista de teatro,
profesor de literatura, redactor y coordinador editorial de la
revista digital Cubanow.net. Cuentos suyos han sido publicados
en revistas de México y Brasil. Tiene en su haber dos novelas
escritas. Sueños imposibles es su primera novela
publicada.
Ver un fragmento de esta novela.

La revolución triunfante: memorias del General
de División Guillermo
Rubio
Navarrete
General de División Guillermo Rubio
Navarrete
Historia
Una manera alternativa e
interesante de ver el triunfo de la Revolución Mexicana. A
través de los capítulos de las memorias del General de
División Guillermo Rubio Navarrete -participante activo en el
ejército federal-, el lector conocerá los motivos que llevaron
al asesinato de Madero, será espectador de acciones militares
desde el campo de batalla, se involucrará en la política
interior y exterior de la República Mexicana de la época y
será testigo de la influencia decisiva que países movidos por
intereses económicos tuvieron en el triunfo de la
revolución. En esta obra histórica, que tan solo
representa el punto de vista del autor, usted presenciará
cómo muchas de las prácticas políticas continúan siendo
vigentes, al grado que resulta imposible dejar de
compararlas con las que se desarrollan en el mundo
actual.
La encargada de recopilar estas memorias es
familiar del General: "Nací en La Habana Cuba, mis padres
fueron Agustín Rubio Navarrete (Ingeniero Civil y Coronel del
Estado Mayor Presidencial) y Ana María Anza y Anza. Estudié en
la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas y actualmente me
dedico a mi familia y en mis tiempos libres a leer, escuchar
música y viajar. Soy sobrina del general Guillermo Rubio
Navarrete, quien antes de morir me pidió que hiciera
públicas sus memorias, por lo cual desde hace años me he
dedicado a su compilación y edición."
El clásico de
regalo
"Yerma no tiene
argumento: es el desarrollo de un carácter", declaró García Lorca al presentar su obra. Se
trata de la evolución de la protagonista, Yerma, quien
descubre a lo largo del drama aquello que tanto teme: no puede
tener hijos.
Lorca combina en esta pieza, de
forma magistral, la religiosidad pagana del pueblo andaluz, la
tradición lírica del teatro clásico español (mediante las
canciones), la antigua tragedia griega (a través del coro de
lavanderas) y la tradición bíblica (presente en el trabajo de
Juan, los manzanos, las manchas de fuego). Agrega, además, una
serie de símbolos de la naturaleza que aportan una fuerte
carga erótica, como principio generador de la vida.
Colección: Teatro
¿Usted también escribe? Poesía, ensayo,
relatos, novelas... Sea parte de nuestro catálogo.
Ingrese aquí para conocer nuestras propuestas
de edición.
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Hay
quienes sienten que, en las fiestas (y parafraseando a
Borges), no nos une el amor sino el espanto. Es que la
obligación social de festejar Navidad y Año
Nuevo con la familia propia o la política, la imposición
de comprar regalos para todos o de enviar felicidades a
nuestros contactos, sumadas al cansancio acumulado a lo largo
de los meses pasados, pueden llevarnos al borde del colapso.
Dicen, incluso, los psicólogos que las consultas suelen
aumentar para esta época porque las fiestas ponen de relieve
ausencias, reactualizan conflictos y manifiestan
desencuentros.
Pero no
para todos es así. También están los que disfrutan de la
reunión navideña, o de Noche Vieja, con los seres queridos y
para quienes los últimos días del año no son sinónimo de un
balance algo decepcionante, sino de la fresca renovación que
los embarga ante la perspectiva de comenzar un año nuevo, todo
para estrenar.
Usted,
¿cómo vive las fiestas? ¿Tiene que esforzarse para encontrar
entusiasmo en los festejos o naturalmente participa de todo
con alegría? ¿Cuál sería su festejo ideal?
Mientras
esperamos su opinión en el enlace de más abajo, lo invitamos a
leer el cuento de un forista en torno al tópico que nos tocó
esta vez: el cuento es Tuser. Cuento de Navidad.
Lo invitamos a participar en este
tema
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| 4.
Observaciones sobre la novela contemporánea en España.
Primera parte, por Benito Pérez
Galdós* | |
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Con motivo de
los Proverbios, de don Ventura Ruiz Aguilera. Año:
1870.
CAUSAS QUE HAN IMPEDIDO EL DESARROLLO DE LA
NOVELA ESPAÑOLA
El gran defecto de la mayor parte de
nuestros novelistas es el haber utilizado elementos extraños,
convencionales, impuestos por la moda, prescindiendo por
completo de los que la sociedad nacional y coetánea les ofrece
con extraordinaria abundancia. Por eso no tenemos novela; la
mayor parte de las obras que con pretensiones de tales
alimentan la curiosidad insaciable de un público frívolo en
demasía, tienen una vida efímera, determinada sólo por la
primera lectura de unos cuantos millares de personas, que
únicamente buscan en el libro una distracción fugaz o un
pasajero deleite. Es imposible que en país alguno ni en
ninguna época se haga un ensayo más triste y de peor éxito,
que el que los españoles hacen de algunos años a esta parte
para tener novelas. En vano algunos editores diligentes han
acometido la empresa con ardor, empleando en ella todos los
recursos de la industria librera; en vano las revistas y las
publicaciones periódicas más acreditadas han tratado de
estimular a la juventud prefiriendo algunas obras muy débiles
de escritores nuestros, a las extranjeras, relativamente muy
buenas; en vano la Academia ofrece un premio pecuniario y
honorífico a una buena novela de costumbres. Todo es inútil.
Los editores han inundado el país de un fárrago de
obrillas, notables sólo por los colorines de sus lujosas
cubiertas; la prensa tiene que recurrir de nuevo a su sistema
de traducciones, y raras veces llega al recinto de la Academia
un manuscrito de mediano precio, pudiendo asegurarse que no
pecan de severos los inmortales de la calle de Valverde al
escatimar el premio mayor con una prudencia casi sistemática.
Este fenómeno es singular, atendiendo a lo que la
poesía lírica ha producido en este siglo y al brillante
período del teatro contemporáneo. Pero tal vez se encuentre
una explicación satisfactoria fijándose en la especialísima
índole de la novela de costumbres, y relacionándola con
nuestro carácter y nuestra educación literaria.
Las
personas dadas a la investigación explican esto diciendo: los
españoles somos poco observadores, y carecemos, por tanto, de
la principal virtud para la creación de la novela moderna. La
fantasía andaluza y castellana, que ha creado la más rica
poesía popular que existe en la civilización cristiana, la
literatura mística, y el gran teatro del siglo XVII, es
completamente incapaz para el caso. Hemos hecho algo en la
novela romántica, que ya está mandada recoger, y en la
legendaria y maravillosa, cuyo prestigio desciende ya
notablemente; pero la novela de verdad y de caracteres, espejo
fiel de la sociedad en que vivimos, nos está vedada. El
lirismo nos corroe, digámoslo así, como un mal crónico e
interno, que ya casi forma parte de nuestro organismo.
Somos en todo unos soñadores que no sabemos descender de las
regiones del más sublime extravío, y, en literatura como en
política, nos vamos por esas nubes montados en nuestros
hipogrifos, como si no estuviéramos en el siglo XIX y en un
rincón de esta vieja Europa, que ya se va aficionando mucho a
la realidad.
Cierto es esto; somos unos idealistas
desaforados, y más nos agrada imaginar que observar. Bien
se está viendo que no hay gente menos práctica en toda especie
de asuntos que esta buena gente española, que tanto ha dado
que hacer al mundo en tiempos lejanos, y en las letras no es
en donde menos se reneja esta disposición especial de nuestros
espíritus. Sin embargo, puede asegurarse que en este punto la
citada disposición es más bien accidental, hija sin duda de
condiciones del tiempo, que innata y característica.
Examinando la facultad de observación en nuestros escritores,
veremos que Cervantes, la más grande personalidad producida
por esta tierra, la poseía en tan alto grado, que de seguro no
se hallará en antiguos ni en modernos quien le aventaje, ni
aun le iguale. Y en otra manifestación del arte, ¿qué fue
Velázquez sino el más grande de los observadores, el pintor
que mejor ha visto y ha expresado mejor la Naturaleza? La
aptitud existe en nuestra raza; pero, sin duda, esta
degeneración lamentable en que vivimos, nos la eclipsa y
sofoca. Hay que buscar la causa del abatimiento de las letras
y de la pobreza de nuestra novela en las condiciones externas
con que nos vemos afectados, en el modo de ser de esta
sociedad, tal vez en el decaimiento del espíritu nacional o en
las continuas crisis que atravesamos, y que no nos han dado
punto de reposo. La novela es producto legítimo de la paz; al
contrario de la literatura heroica y patriotera, no se cría
sino en los períodos de serenidad, y en nuestros tiempos rara
es la pluma que no se ejercita en las contiendas políticas. No
se espere hoy de los grandes ingenios otra cosa que diatribas
muy bellas. Hay además el gran inconveniente de las
circunstancias tristísimas de la literatura considerada como
profesión. Domina en nuestros pobres literatos un pesimismo
horrible. Hablarles de escribir obras serias y concienzudas,
de puro interés literario, es hablarles del otro mundo; todos
ellos andan a salto de mata, de periódico en periódico, en
busca del necesario sustento, que encuentran rara vez; y la
mayor recompensa y el mejor término de sus fatigas es penetrar
en una oficina, panteón de toda gloria española. Todos reposan
su cabeza cargada de laureles sobre un expediente, y el
infeliz que no acepta esta solución y se empeña en ser
literato a secas, viviendo de su pluma, bien podría ser
canonizado como uno de los más dignos mártires que han probado
las amarguras de la vida en este valle de lágrimas.
Entre tanto, por más que digan, aquí se lee mucho, y
se lee de todo: política, literatura, poesía, artes, ciencias
y, sobre todo, novela. Pero esta gente que lee, estos
españoles que gustan de comprar una novela y la devoran de
cabo a rabo, estimando de todo corazón al ingenio que tal cosa
produjo, se abastece en un mercado especial. El pedido de este
lector especialísimo es lo que determina la índole de la
novela. El la pide a su gusto, la ensaya, da el patrón y la
medida, y es preciso servirle. Aquí tenemos explicado el
fenómeno, es decir, la sustitución de la novela nacional de
pura observación, por esa obra convencional y sin carácter,
género que cultiva cualquiera, peste nacida en Francia, y que
se ha difundido con la penosa rapidez de todos los males
contagiosos. El público ha dicho: "Quiero traidores pálidos
y de mirada siniestra, modistas angelicales, meretrices con
aureola, duquesas averiadas, jorobados románticos, adulterios,
extremos de amor y odio", y le han dado todo esto. Se lo
han dado sin esfuerzo, porque estas máquinas se forjan con
asombrosa facilidad por cualquiera que haya leído una novela
de Dumas y otra de Soulié. El escritor no se molesta en hacer
otra cosa mejor, porque sabe que no se la han de pagar; y ésta
es la causa única de que no tengamos novela. El género
literario en que se ocupan con algún resultado nuestros
desdichados literatos, y el que sostiene algunas pequeñas
industrias editoriales, es el de la novela de impresiones y
movimiento, cuya lectura ejerce una influencia tan marcada en
la juventud del día, reflejándose en nuestra educación y
dejando en nosotros una huella que tal vez dura toda la vida.
La verdad es que existe un mundo de novela. En todas
las imaginaciones hay el recuerdo, la visión de una sociedad
que hemos conocido en nuestras lecturas; y tan familiarizados
estamos con ese mundo imaginario que se nos presenta casi
siempre con todo el color y la fijeza de la realidad, por más
que las innumerables figuras que lo constituyen no hayan
existido jamás en la vida, ni los sucesos tengan semejanza
ninguna con los que ocurren normalmente entre nosotros. Así es
que, cuando vemos un acontecimiento extraordinariamente
anómalo y singular, decimos que parece cosa de novela; y
cuando tropezamos con algún individuo extremadamente raro, le
llamamos héroe de novela, y nos reímos de él porque se nos
presenta con toda la extrañeza e inusitada forma con que le
hemos visto en aquellos extravagantes libros. En cambio,
cuando leemos las admirables obras de arte que produjo
Cervantes y hoy hace Carlos Dickens, decimos: "¡Qué verdadero
es esto! Parece cosa de la vida. Tal o cual personaje
parece que lo hemos conocido." Los apasionados de Velázquez se
han familiarizado de tal modo con los seres creados por aquel
grande artista, que creen haberlos conocido y tratado, y se
les antoja que van Esopo, Menipo y el Bobo de Coria andando
por esas calles, mano a mano con todo el mundo."
CONTINUARÁ, en próximas
ediciones, el alegato galdosiano en favor de la novela
realista
*Benito Pérez Galdós nació en Las
Palmas de Gran Canaria, en 1843. Desde niño fue aficionado a
la música, al dibujo y a la literatura.
Sus primeras
obras revelan una marcada influencia romántica. Pero su
creación posterior responde claramente al realismo. Sostenía
que la literatura debía describir la vida y los procesos
sociales de su tiempo histórico. La fuente de inspiración para
"los temas" de la novela debía encontrarse, recomendaba, en la
clase media urbana y sus problemáticas: el progreso social,
los dilemas morales, la modificación de las costumbres.
El corazón de su obra se divide en los Episodios
nacionales (historización novelada del siglo XIX
español) y la serie Novelas contemporáneas (en la que
se incluyen las más célebres: Marianela, Misericordia, Fortunata y
Jacinta, Nazarín). Escribió además artículos,
narrativa breve y obras dramáticas.
Muchos críticos lo presentan como el mayor novelista español
después de Cervantes.
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1. Usted ha desarrollado una exitosa carrera
académica a partir de su título como historiador especialista
en Asia oriental. ¿Cómo fue que pasó a la
ficción?
En realidad, aunque acabo de comenzar mi
carrera como novelista, empecé a escribir mucho antes de
convertirme en historiador. Con esta novela pretendía unir
mis dos grandes pasiones. No es una novela histórica ya
que no narra hechos del pasado, pero tiene cierto valor
histórico porque pretende reflejar hasta cierto punto el
contexto social de una época sin tener que estar constreñida
por los personajes o acontecimientos políticos de ese
momento.
2. ¿Qué libros de la tradición oriental le
gustan a usted? ¿Qué autores tiene como
referente?
Mi obra favorita es sin duda Heike
Monogatari. En mi opinión, es la mayor épica samurái que
jamás se haya escrito. Taiko, de Eiji Yoshikawa,
también es una gran obra, aunque no tiene el encanto de haber
sido escrita en tiempos medievales. De las obras japonesas la
lista es larga: Musashi, Hagakure, Genji
Monogatari, etc. De otros países asiáticos me quedaría con
el Mahabharata (India), Sueño en el Pabellón
Rojo y el Romance de los Tres Reinos (de China), y
El Año del Dragón Negro (Corea). Dado que la autoría de
las obras clásicas es en algunos casos objeto de debate,
prefiero no hablar de autores, sino de las obras que me
animaron a escribir esta historia.
3. ¿Qué
personajes históricos lo seducen, de la tradición oriental o
no? ¿Cuáles le parece que han dejado más vigente su
pensamiento o su mensaje de lo que se esperaba en su
momento?
Al igual que en lo que se refiere a obras
literarias, la lista es considerable. Los últimos mil años en
Asia y en el mundo no podrían explicarse sin la figura del
gran conquistador mongol Genghis Khan. Sin embargo, no
cabe duda de que Siddhārtha Gautama, Lao Zi,
Confucio, Mencio y Zhu Xi fueron los pensadores más
importantes de Asia.
Particularmente tengo cierta
debilidad por los héroes: los rivales Kato Kiyomasa y Konishi
Yukinaga en Japón, Yi Sun-sin en Corea o Subotai en Mongolia.
Si tuviera que escoger a algún personaje histórico,
elegiría a Confucio. Aunque su filosofía hoy pueda
parecer conservadora y e incluso reaccionaria, en su momento
fue tan revolucionaria como el marxismo. Para Confucio el
linaje no era lo importante, sino el esfuerzo y la superación
personal. Sólo los más cualificados debían gobernar. Fueron
sus ideas las que llevaron al establecimiento de exámenes en
China para escoger a los funcionarios más capacitados. Este
sistema pasaría al mundo occidental en el siglo XVIII, donde
esos puestos todavía estaban determinados en gran parte por el
linaje. Uno de los personajes centrales de mi obra, Zasuro,
pretende cambiar el mundo que le rodea inspirándose en esta
filosofía, ya que Japón había adoptado ciertas ideas
confucianas, pero continuaba siendo una sociedad jerarquizada
y de carácter hereditario.
4. ¿En qué es distinta la
serie El Círculo de Jade Negro de otras
novelas de samuráis?
Casi todas las novelas
modernas sobre el Japón feudal que he leído ofrecen una
visión demasiado romántica de los samuráis y normalmente están
plagadas de tópicos. Esto es especialmente cierto entre los
autores occidentales, que acentúan algunos aspectos
característicos de la cultura japonesa de una manera
desproporcionada. No considero que sea algo negativo, ya que
son escritos de ficción, pero difiere bastante del enfoque de
mi obra.
En El Círculo de Jade Negro intento
ofrecer una visión más realista y cruda de la época. No todos
los samuráis son honorables, ni todos los monjes enigmáticos.
De hecho el protagonista no es un samurái, sino un ronin
cuyo modo de vida es el bandidaje y la guerra. Podría
decirse que El Círculo de Jade Negro estaría más cerca
de Taiko que de Shogun, aunque sea muy diferente
de ambas.
5. Si pudiera elegir, ¿preferiría que Ronin fuera
llevada al cine, a audiolibro o que se convirtiera en
cómic?
Las tres opciones me gustan. Sin embargo,
siendo realista, creo que Ronin sería muy costosa de llevar a
la gran pantalla por ser una historia épica, de grandes
batallas y con un vestuario bastante complejo. Probablemente
el formato más adecuado sería el cómic, ya que se trata de una
novela bastante visual y llena de acción que, de hecho,
también posee cierta influencia del cine y del
cómic.
6. ¿Cuáles son sus próximos proyectos
editoriales? ¿Tiene pensado un nuevo
libro?
Actualmente estoy trabajando en la segunda
parte de Ronin, que se titularía Los Hijos de la
Guerra. En esta entrega no sólo quiero continuar con la
historia sino también adentrarme en el turbio pasado de los
personajes.
También estoy trabajando en un relato
histórico, que bien pudiera convertirse en novela, sobre las
aventuras de un soldado castellano en el Japón del siglo XVI.
*José Daniel Cuadros Jiménez es el
autor de El círculo de jade negro.
Ronin. Se licenció en Historia por la
Universidad de Granada y en Estudios de Asia Oriental, por la
Universidad Autónoma de Madrid. Desde el comienzo de su
carrera universitaria se interesó por los estudios japoneses,
y llegó a obtener una posición como estudiante de intercambio
en Skidmore College, Nueva York, donde profundizó en sus
investigaciones sobre el Japón medieval.
En septiembre de 2005 ha sido premiado con una beca de
la fundación La Caixa para realizar estudios de postgrado en
Estados Unidos. Tras ser admitido en la Universidad de
Columbia, Nueva York, planea iniciar su tesis sobre las
guerras civiles japonesas (1467-1615), con el objetivo de
convertirse en el primer historiador español especializado en
ese período.
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El... | 16 de diciembre de 1928 nace
Philip Kendred Dick, en la ciudad estadounidense de
Chicago. Su niñez parece haber sido algo difícil: su hermana
gemela murió al poco tiempo de que ambos nacieran; los padres
se separaron pasados algunos años y era asmático.
De
adolescente comenzó a leer y a escribir ciencia ficción,
práctica que llevó prolíficamente a cabo toda su vida. Se casó
5 veces.
Se dice que una de las mayores virtudes de
Dick es que produjo ciencia ficción seria y accesible
para el gran público. Fue poco reconocido antes de su muerte,
y más tenido en cuenta fuera de Estados Unidos, en Europa, que
dentro. Dick ya había muerto cuando la adaptación al cine de
varias de sus novelas lo volvió verdaderamente popular.
Sus obras se caracterizan por incluir frecuentemente
situaciones en las que los seres queridos de los protagonistas
(o incluso ellos mismos) son -muchas veces sin saberlo-
robots, alienígenas, seres sobrenaturales, espías a quienes
les han lavado el cerebro, o que sufren
alucinaciones.
En 1963, ganó el premio Hugo por
El hombre en el castillo. Otras obras muy
conocidas son ¿Sueñan los androides con ovejas
eléctricas? (Do Androids Dream of Electric Sheep?),
que inspiró la película Blade Runner, de 1968, y La
transmigración de Timothy Archer, de 1982.
En el
siguiente texto, que compartimos con ustedes, Dick se
ocupa de una vieja comparación del mundo de las letras -la
comparación entre la novela y el relato- y sobre la ciencia
ficción:
"La diferencia entre
un relato corto y una novela reside en lo siguiente: un
relato corto puede tratar de un crimen; una novela trata del
criminal, y los hechos derivan de una estructura
psicológica que, si el escritor conoce su oficio, habrá
descrito previamente. Por consiguiente, la diferencia entre un
relato corto y una novela no es muy grande; por ejemplo, La
larga marcha, de William Styron, se ha publicado ahora
como "novela corta", cuando fue publicada por primera vez en
Discovery como "relato largo". Esto significa que si lo leen
en Discovery están leyendo un relato, pero si compran la
edición de bolsillo van a leer una novela. Con eso basta.
Las novelas cumplen
una condición que no se encuentra en los relatos cortos: el
requisito de que el lector simpatice o se familiarice
hasta tal punto con el protagonista que se sienta impulsado a
creer que haría lo mismo en sus circunstancias... o, en el
caso de la narrativa escapista, que le gustaría hacer lo
mismo. En un relato no es necesario crear tal identificación,
pues 1) no hay espacio suficiente para proporcionar tantos
datos y 2) como se pone el énfasis en los hechos, y no en el
autor de los mismos, carece realmente de importancia -dentro
de unos límites razonables, por supuesto- quién es el
criminal. En un relato, se conoce a los protagonistas por sus
actos; en una novela sucede al revés; se describe a los
personajes y después hacen algo muy personal, derivado de su
naturaleza individual. Podemos afirmar que los sucesos de una
novela son únicos, no se encuentran en otras obras; sin
embargo, los mismos hechos acaecen una y otra vez en los
relatos hasta que, por fin, se establece un código cifrado
entre el lector y el autor. No estoy seguro de que esto sea
especialmente negativo.
Además, una novela -en
particular una novela de ciencia ficción- crea todo un
mundo, aderezado con toda clase de detalles
insignificantes..., insignificantes, quizá, para describir los
personajes de la novela, pero vitales para que el lector
complete su comprensión de todo ese mundo ficticio. En un
relato, por otra parte, usted se siente transportado a otro
mundo cuando los melodramas se le vienen encima desde todas
las paredes de la habitación... como describió una vez Ray
Bradbury. Este solo hecho catapulta el relato hacia la ciencia
ficción.
Un relato de ciencia ficción exige una
premisa inicial que le desligue por completo de nuestro mundo
actual. Toda buena narrativa ha de llevar a cabo esta ruptura,
tanto en la lectura como en la escritura. Hay que describir
un mundo ficticio totalmente. Sin embargo, un escritor de
ciencia ficción se halla sometido a una presión más intensa
que en obras como, por ejemplo, Paul's Case o Big
Blonde, dos variedades de la narrativa general que siempre
permanecerán con nosotros.
En los relatos de
ciencia ficción se describen hechos de ciencia ficción; en las
novelas de este tema se describen mundos. Los relatos de
esta colección describen cadenas de acontecimientos. El nudo
central de los relatos es una crisis, una situación límite en
la que el autor involucra a sus personajes, hasta tal extremo
que no parece existir solución. Y luego, por lo general, les
proporciona una salida. Sin embargo, los acontecimientos de
una novela están tan enraizados en la personalidad del
protagonista que, para sacarlo de sus apuros, debería volver
atrás y reescribir su personaje. Esta necesidad no se
encuentra en un relato, sobre todo cuanto más breves sea
(relatos largos como Muerte en Venecia, de Thomas Mann,
o la obra de Styron antes comentada son, en realidad, novelas
cortas). De todo esto se deduce por qué los escritores de
ciencia ficción pueden escribir cuentos pero no novelas, o
novelas pero no cuentos; todo puede ocurrir en un cuento; el
autor adapta sus personajes al tema central. El cuento es
mucho menos restrictivo que una novela, en términos de
acontecimientos. Cuando un escritor acomete una novela,
ésta empieza poco a poco a encarcelarlo, a restarle
libertad; sus propios personajes se rebelan y hacen lo que
les apetece... no lo que a él le gustaría que hicieran. En
ello reside la solidez de una novela, por una parte, y su
debilidad, por otra."
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