Edgar Freemantle pierde el
brazo en un terrible accidente que también le retuerce la mente y la
memoria para dejarlo lleno de rabia, y sólo rabia, cuando empieza el
proceso de recuperación. Su matrimonio, que le dio dos hijas
maravillosas, se ha roto y Edgar quisiera no haber sobrevivido a las
graves heridas que le produjo el accidente. Quiere huir. Su
psicólogo, el doctor Kamen, le propone «una cura geográfica», una
nueva vida lejos de la gran empresa de construcción que Edgar había
creado. Y le propone algo más: -Edgar, ¿hay algo que te haga feliz?
-Solía dibujar. - Retómalo. Necesitas protegerte…… protegerte contra
la noche. Edgar abandona Minnesota y alquila una casa en Duma Key,
un terreno alargado de una belleza deslumbrante y extrañamente
salvaje en la costa de Florida. Oye las voces de las puestas de sol
en el golfo de México y los caracoles que arrastra la marea. Y
comienza a dibujar. En la playa entabla amistad con Wireman, otro
hombre a quien le cuesta hablar de sus heridas, y con Elizabeth
Eastlake, una anciana enferma, cuyas raíces se entrelazan con el
lugar. Ahora Edgar pinta, a menudo con una aceleración frenética, y
descubre en sí mismo un talento extraordinariamente peligroso.
Muchos de sus cuadros contienen un poder que ni él sabe controlar. A
medida que se van descubriendo los fantasmas de la infancia de
Elizabeth, el poder destructivo de los cuadros se convierte en algo
realmente devastador. La tenacidad del amor, los peligros de la
creatividad, los misterios de la memoria y la naturaleza de lo
sobrenatural. Con todos ellos, Stephen King nos ofrece una novela
tan fascinante como terrorífica.